México, el ombligo de la luna.

Publicado el 21 de septiembre de 2026, 18:02

Compartimos la visión de tres de nuestras fotógrafas: un mismo escenario, tres formas distintas de capturar el momento.

🇲🇽 México, el ombligo de la Luna 📷 Alicia García Carvallo 

Este domingo 20 de septiembre de 2026, el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris fue escenario de una función especial de gala y de la develación de una placa conmemorativa, celebrando el éxito y la trascendencia de una puesta en escena dedicada a la grandeza, identidad y riqueza cultural de México. Como padrino de honor, un representante del linaje mexica y miembro de la Casa Moctezuma fue el encargado de develar la placa que reconoce este importante momento.

A través de episodios de la historia de México y estampas representativas de distintas regiones del país, el espectáculo realizó un recorrido por nuestras raíces y diversidad cultural, acompañado de música, danza y tradición. Piezas emblemáticas como La Llorona, Flor de Piña, Cielito Lindo y la Danza de los Viejitos formaron parte de una velada llena de movimiento, color y emoción.

Una celebración escénica de la memoria y las tradiciones que dan identidad a México, en uno de los recintos culturales más emblemáticos de la Ciudad de México. 🇲🇽✨

Una máquina del tiempo en el ombligo de la Luna 📷 Regina Álvarez Amezquita

El Teatro de la Ciudad Esperanza Iris se convirtió en una máquina del tiempo la noche del domingo 20 de septiembre. Por poco más de una hora, el escenario llevó al público de un momento a otro de la historia de México: de Aztlán a México-Tenochtitlan, de la Conquista a la época virreinal y, finalmente, hasta la Independencia. México en el Ombligo de la Luna, dirigido por Luis Álvaro Hernández, reunió a más de 50 artistas entre bailarines, músicos y cantantes. Sobre el escenario, la historia dejó por un momento los libros y se convirtió en música, movimiento, vestuario y personajes.

Entre ellos destacó la participación de Esmeralda Cortés y del grupo de Catrinas Regionales, que se sumaron a este recorrido por distintas expresiones de la cultura mexicana.

La historia comenzó con Aztlán. Los bailarines representaron el camino de un pueblo que deja atrás su lugar de origen para buscar el sitio donde habrá de establecerse. Poco a poco, el escenario fue cambiando hasta llegar a la fundación de México-Tenochtitlan. Ahí aparecieron algunos de los símbolos que forman parte de la historia, después llegó la Conquista y con ella cambió el ambiente. El encuentro entre los pueblos originarios y los españoles apareció en escena como un momento de enfrentamiento y transformación. La figura de Cuauhtémoc también formó parte de este capítulo.

El espectáculo continuó con la época virreinal. La música y las danzas cambiaron nuevamente, como si el escenario pasara las páginas de un enorme libro de historia. El recorrido llegó entonces a la Independencia. El público acompañó el cierre con sus aplausos y los intérpretes regresaron al escenario para recibir el reconocimiento de quienes habían seguido aquel viaje.

Lo interesante de la propuesta fue precisamente esa manera de acercarse a la historia. No se trataba solamente de decir qué ocurrió, sino de intentar que el público lo viera y lo sintiera a través del cuerpo, de la música y de las imágenes. El propio Esperanza Iris parecía formar parte del relato. Sus paredes, sus butacas y su escenario fueron el punto de encuentro entre una historia que ocurrió hace siglos y un público que la observaba en el presente. 

El nombre de la obra también juega con esa idea. México en el Ombligo de la Luna retoma una de las interpretaciones más conocidas del nombre México, relacionada con el “ombligo” o centro de la Luna. Y quizá ahí está una de las ideas que deja la función: recordar que la historia no solamente vive en los libros, los museos o las fechas que aprendimos de memoria. También puede aparecer sobre un escenario, cuando un grupo de artistas consigue darle movimiento y sonido a aquello que alguna vez ocurrió.

Cuando las luces volvieron a encenderse, el viaje había terminado. El público salió nuevamente al Centro Histórico y la ciudad continuó con su ritmo de siempre.

Pero durante unas horas, en el Esperanza Iris, México había sido una máquina del tiempo.

 Historia, música colores 📷 Eunice SanAgustín 

El alma siempre resurge después de la conquista y el canto, la música y los colores es prueba de nuestra existencia.

El teatro Esperanza Iris se estremeció con un público que entonaba ¡Canta y no llores! y a una voz ¡Viva México!. 

Así fue la presentación de México el ombligo de la luna con más de 50 actores que nos presentaron los orígenes del pueblo Mexica hasta un México Independiente.

3 horas de escenas y una develación de placa muy emotiva. 

Sin duda la pericia en la danza de la región Nayarita me cautivó, una danza en donde el equilibrio de la sonrisa, la danza y el movimiento del vestuario es un interrogante abierto y una experiencia de vida.

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