Lacustre: una ciudad que sigue moviéndose sobre el agua.

Publicado el 6 de agosto de 2026, 12:44

Fotografía: Regina Alvarez

Redaccion: Jhony Velasco 

La noche del 5 de agosto de 2026, el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris recibió el estreno de Lacustre, el nuevo montaje de la Compañía Joven Danza Capital, una propuesta de danza contemporánea que reflexiona sobre el hundimiento de la Ciudad de México y la manera en que este fenómeno ha moldeado su memoria, identidad y transformación. A través del movimiento, la obra convierte al cuerpo en un testimonio vivo de una ciudad que, pese a cambiar constantemente, conserva las huellas de su origen lacustre.

Con las luces apagadas y un silencio que envolvía la sala, los primeros movimientos de los bailarines capturaron la atención del público. No hicieron falta palabras. Fueron los cuerpos los que comenzaron a narrar una historia donde cada desplazamiento, caída y encuentro evocaba el lento movimiento del suelo sobre el que descansa la capital del país.

La propuesta no busca explicar el hundimiento desde la ciencia, sino desde la sensibilidad. Invita al espectador a mirar el cuerpo como un archivo vivo donde se conservan los recuerdos, las heridas y la capacidad de resistir. Cada escena parecía recordarnos que la Ciudad de México cambia todos los días, aunque quienes la recorremos a diario pocas veces nos detenemos a pensarlo.

La iluminación y el diseño sonoro acompañaron el recorrido con sutileza, creando una atmósfera envolvente donde el silencio tuvo tanto peso como la música. La fuerza de la obra descansó en la entrega de los intérpretes, quienes hicieron del escenario un espacio donde la memoria y el presente dialogaron constantemente.

Cuando llegó el último movimiento, el teatro permaneció en silencio durante unos segundos. Después, un aplauso largo y cálido rompió la quietud. Más que celebrar una coreografía bien ejecutada, el público reconoció una propuesta que convirtió un fenómeno cotidiano de la capital en una experiencia profundamente humana.

Al salir del recinto, la Ciudad de México seguía su ritmo habitual. Sin embargo, después de Lacustre, era difícil no mirar las calles con otros ojos y recordar que, bajo cada paso, permanece la historia de una ciudad nacida del agua, que sigue transformándose sin perder su memoria.

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