Una noche para volver a cantar: Chafufu Club hizo del Esperanza Iris un viaje por la memoria musical.

Publicado el 26 de julio de 2026, 23:47

Fotografía: Alicia García y Jhony Velasco

Redacción: Jhony Velasco

Ciudad de México.— La noche del 25 de julio, el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris abrió sus puertas para recibir Chafufu Club, el espectáculo del Coro Gay CDMX, realizado con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, a través de la Dirección del Sistema de Teatros de la Ciudad de México. Después de que la presentación programada para junio tuviera que posponerse, el público finalmente pudo disfrutar de un recorrido por varias décadas de la música, acompañado por una orquesta en vivo y un repertorio que despertó recuerdos en más de uno.

La función comenzó con un monólogo que preparó el ambiente. Minutos después, las primeras notas de "De mí enamórate", de Daniela Romo, marcaron el inicio de un viaje musical que iría de las grandes baladas al pop, de los años ochenta y noventa hasta canciones que hoy siguen siendo parte de la memoria colectiva.

El recorrido continuó con "La gata bajo la lluvia", de Rocío Dúrcal, para después cambiar completamente de ritmo con "Macumba" y un dinámico mix de Britney Spears. Más adelante llegaron "Maquillaje", de Mecano, y "Born This Way", de Lady Gaga, en un espectáculo que iba cambiando de época sin perder el entusiasmo del público.

Uno de los momentos más disfrutados de la noche fue el homenaje a Raffaella Carrá. "Pedro", "Fiesta" y "Hay que venir al sur" hicieron que el ambiente cambiara por completo. Bastaba mirar alrededor para ver sonrisas y personas siguiendo el ritmo desde sus lugares.

Cuando llegó la frase "Para hacer bien el amor hay que venir al sur", en lo personal hubo algo que me movió. No fue solo una letra pegajosa; fue una de esas frases que se quedan resonando mucho después de que termina la canción. Mientras la escuchaba, entendí por qué a mi mamá siempre le ha gustado tanto Raffaella Carrá. De niño la escuchaba poner sus canciones una y otra vez, pero nunca había comprendido del todo lo que transmitían. Esta noche lo entendí: su música tiene esa capacidad de hacerte sonreír, de invitarte a cantar sin darte cuenta y de recordarte que, a veces, la vida también se celebra bailando.

El viaje continuó con un popurrí de Garibaldi, integrado por "Dame, dame un beso", "Que te la pongo" y "La Bolita". Después llegó "La ventanita" y, por un momento, dejé de sentir que estaba cubriendo un concierto. La sensación era la de estar en una fiesta donde todos conocían la siguiente canción.

Uno de los instantes que más me sorprendió fue el homenaje a Locomía. Apenas aparecieron los abanicos sobre el escenario, regresé a mi infancia. Recordé aquellas tardes viendo Siempre en Domingo, cuando la aparición del grupo era uno de los momentos más esperados. Ver nuevamente aquellos abanicos, ahora en el Esperanza Iris, fue volver por unos minutos a esos años en los que la televisión reunía a toda la familia frente a la pantalla.

Algo parecido me ocurrió con "Believe", de Cher. Bastaron los primeros acordes para regresar a mis años de escuela. Recordé que, al llegar a casa, esa canción sonaba una y otra vez en la radio. También volvió a mi memoria la voz de mi abuelito diciéndome: "Apaga el radio y ponte a hacer la tarea." Son recuerdos sencillos, pero esa noche regresaron con una claridad que no esperaba.

Uno de los momentos más emotivos llegó con "Soy lo que soy". Mientras el Coro Gay CDMX interpretaba la canción, una bandera de la diversidad comenzó a ondear entre sus integrantes. No hizo falta ningún discurso. El aplauso del público fue suficiente para entender el significado de esa imagen.

Entre todas las canciones hubo una frase que también se quedó conmigo: "En este club yo seguiré bailando." Tal vez porque resumía el espíritu del espectáculo: celebrar quiénes somos, sin miedo y con orgullo.

Cuando llegó el final, el público respondió con una ovación de pie. Los aplausos parecían no terminar y los abanicos volvieron a aparecer, ahora entre los asistentes, acompañando una despedida llena de emoción.

Antes de bajar el telón, Chafufu Club agradeció al Teatro de la Ciudad Esperanza Iris y a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, a través de la Dirección del Sistema de Teatros de la Ciudad de México, por hacer posible esta presentación que finalmente pudo realizarse después de haber sido reprogramada.

Al salir del teatro entendí que no había asistido únicamente a un concierto. Había presenciado un recorrido por varias décadas de la música, pero también por la memoria de quienes estábamos ahí. Cada canción encontró a alguien que la hizo suya. En mi caso, me llevó de regreso a la sala de mi casa, a los domingos frente al televisor, a la radio encendida después de la escuela y a las canciones que escuchaba mi mamá.

Y comprendí que, quizá, esa fue la mayor virtud de Chafufu Club: recordarnos que la música nunca envejece; simplemente espera el momento indicado para volver a encontrarnos.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios