Nahib Cano y Adiós Nahib convierten el estudio de Radio Educación en un paisaje sonoro

Publicado el 29 de junio de 2026, 1:18

Fotógrafa: Regina Álvarez 

Redacción: Jhony Velasco

Ciudad de México, 26 de junio de 2026.

El silencio apenas alcanzó a instalarse en la cabina de Radio Educación. Una respiración profunda, una mirada entre los músicos y el primer rasgueo de la guitarra de Nahib Cano bastaron para transformar el estudio en un espacio donde cada nota comenzó a contar una historia. Durante tres horas de grabación, bajo la producción del programa Voces y Cantos de la Tierra Viva, el cantautor mexicano y la agrupación Adiós Nahib construyeron un recorrido musical en el que la palabra, los silencios y los instrumentos dialogaron con una naturalidad que solo se consigue cuando la música se interpreta desde la experiencia.
La primera pieza, "Carbón", abrió la sesión con una sobriedad que atrapó desde el primer acorde. La guitarra de Nahib Cano marcó el camino con un sonido cálido y cercano, mientras su voz se elevaba con una interpretación serena, dejando que cada verso encontrara su propio espacio dentro del estudio. La batería de Araceli Toc sostuvo el pulso con precisión y sensibilidad; cada golpe del bombo y de la tarola parecía latir al mismo ritmo que la canción, acompañando la voz sin imponerse sobre ella. La sencillez del arreglo permitió que la fuerza de la composición descansara en la honestidad de la interpretación, creando un ambiente íntimo que invitaba a escuchar incluso los silencios.
La atmósfera cambió con "Como la sombra de mi muerte". La guitarra continuó guiando el relato, pero esta vez encontró un aliado en el piano de Gabriel Martínez, cuyas notas se deslizaron con delicadeza, llenando el estudio de una melancolía luminosa. La batería de Araceli Toc redujo su intensidad hasta convertirse en un pulso sereno, mientras el bongó de Menna Rubio apareció con un ritmo discreto y orgánico, como un latido que acompañaba la respiración de la canción. La voz de Nahib Cano transitó con profundidad por cada verso, dejando que las palabras permanecieran unos instantes más en el aire antes de desaparecer entre los acordes del piano.
Con "Cotorrito", la energía cambió de dirección. El primer aliento del saxofón de Abraham Alfaro irrumpió con un timbre cálido y expresivo que iluminó el ambiente de la grabación. El diálogo entre el saxofón y la guitarra creó un contraste sonoro lleno de matices, mientras el bongó de Menna Rubio comenzó a tejer un ritmo ágil que encontró respuesta en los timbales de Albano Sánchez. La batería de Araceli Toc sostuvo el pulso con firmeza, permitiendo que el violonchelo de Omar Ramos y el violín de Huitzilli Montes envolvieran la pieza con una textura amplia y envolvente. Cada instrumento parecía encontrar su momento preciso, sin competir por el protagonismo, construyendo un paisaje sonoro que crecía de manera natural alrededor de la voz de Nahib Cano.
La sesión encontró su despedida con "Ojos de infinita soledad". Antes de que apareciera la voz, un extenso solo de guitarra llenó el estudio con una delicadeza que parecía detener el tiempo. Los dedos de Nahib Cano recorrieron las cuerdas con serenidad, dejando que cada nota respirara antes de dar paso a la siguiente. Cuando comenzó a cantar, su voz se escuchó cercana, desnuda y profundamente humana. No hubo necesidad de un gran acompañamiento: bastaron la guitarra y la interpretación para construir uno de los momentos más íntimos de la jornada. El último acorde permaneció suspendido durante unos segundos, como si el estudio entero se resistiera a dejarlo partir.
A lo largo de las tres horas de grabación, la voz y la guitarra de Nahib Cano fueron el hilo conductor de una sesión donde cada músico encontró el momento exacto para intervenir. La batería de Araceli Toc marcó el pulso que sostuvo el recorrido musical; el piano de Gabriel Martínez aportó profundidad y sensibilidad; el bongó de Menna Rubio y los timbales de Albano Sánchez enriquecieron el lenguaje rítmico; el saxofón de Abraham Alfaro imprimió un color sonoro inconfundible a "Cotorrito"; mientras que el violonchelo de Omar Ramos y el violín de Huitzilli Montes ampliaron el horizonte sonoro del ensamble cuando la música lo requirió. Más que una suma de instrumentos, Adiós Nahib demostró ser un grupo que sabe escuchar antes de tocar, permitiendo que cada arreglo encontrara su equilibrio.
La grabación, realizada para el programa Voces y Cantos de la Tierra Viva, reafirma la vocación de Radio Educación por abrir espacios a la canción de autor y a las propuestas musicales que dialogan con la identidad cultural del país. Más que registrar un repertorio, la sesión dejó constancia de un encuentro donde la música respiró con libertad, transformando un estudio de grabación en un territorio de memoria, emoción y escucha compartida. El eco del último acorde no solo marcó el final de una toma; también dejó la sensación de que algunas canciones continúan sonando mucho después de que el silencio vuelve a ocupar la sala.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios